Existe un consejo que casi todo el mundo repite: hay que dejar el mate secando boca abajo. Es cierto, pero incompleto, y esa es la primera señal de que el cuidado diario del mate está lleno de hábitos a medio entender. Se conoce la regla general sin conocer el motivo, y ese es exactamente el terreno donde se cuelan los errores que terminan acortando la vida de un mate.

Ninguno de estos cinco hábitos tiene que ver con la calidad de la madera o de la calabaza. Tiene que ver con la rutina de todos los días, que suele pasar completamente desapercibida.

1. Dejarle la yerba usada adentro después de tomar

Es el primero en la lista porque es el más inmediato y el más común. La yerba húmeda que queda dentro del mate empieza a fermentar en cuestión de horas, lo cual deja un olor ácido difícil de sacar y acelera el deterioro interno de la madera o la calabaza mucho más rápido que cualquier otro factor. Vaciarlo apenas se termina de tomar, aunque implique un paso extra en el momento, evita el noventa por ciento del problema.

2. Lavarlo con jabón

El jabón deja un residuo que se impregna en los poros del material y modifica el sabor de cada cebada posterior, en algunos casos durante semanas. La madera y la calabaza son materiales porosos, no superficies lisas como un vaso de vidrio, y esa porosidad es justamente la razón por la que el jabón se queda atrapado adentro en lugar de enjuagarse sin dejar rastro. Alcanza con agua.

3. Guardarlo mojado en el bolso o la mochila

Guardar el mate húmedo en un espacio cerrado, sin ventilación y sin luz, es la combinación exacta que necesita el moho para desarrollarse. No hace falta que pasen días, unas pocas horas alcanzan si la humedad quedó atrapada. Diez minutos de secado antes de guardarlo cambian el resultado por completo.

4. Lavarlo con demasiada agua en la bacha

La costumbre generalizada es sumergir el mate entero para lavarlo, y ahí aparecen dos problemas a la vez, no uno solo. El exterior se moja innecesariamente, cuando en la mayoría de los casos tiene un tratamiento distinto al interior, pensado para estar en contacto con la mano y no con el agua. Y el interior recibe mucha más agua de la que en realidad necesita, lo cual, tratándose de un material poroso, se traduce en humedad acumulada lavado tras lavado. Lo ideal es bastante más simple de lo que parece: quitar la yerba usada y limpiar el interior con una servilleta de papel, reservando el agua solo para los casos en que realmente haga falta.

5. Secarlo boca abajo apoyado plano, sin dejarlo en diagonal

Acá está la vuelta de rosca del consejo que se mencionaba al principio. Dejar el mate boca abajo es correcto, pero apoyarlo derecho y plano contra una superficie sella la boca casi por completo y deja adentro la misma humedad que se buscaba sacar. La forma correcta es apoyarlo en diagonal, recostado contra algo (el borde de una repisa, una pared, un secaplatos), de manera que quede un espacio abierto entre el mate y la superficie. Ese espacio es lo que realmente permite que el aire circule y que la humedad se vaya, no la posición boca abajo en sí misma.


Lo llamativo de esta lista es que ninguno de los cinco puntos exige una inversión ni un producto adicional. Son ajustes de rutina, no de presupuesto. Un mate de calidad tratado con estos cinco descuidos dura, en la práctica, lo mismo que uno más económico bien cuidado.


¿Cuál de estos cinco hacías sin darte cuenta? Contanos en los comentarios o en nuestras redes.